El último adiós siempre es el más doloroso. Eso lo sabe bien la señora Elisa y Don Patricio, ayer durante la mañana y parte de la tarde solo escenas dramáticas vistieron la última despedida la "cotita". María José Esquivel, la protagonista de una de las historias policiales más tristes del último tiempo.
La joven que murió arriba de un bus de la locomoción colectiva, mientras viajaba camino a su trabajo dominical. Un disparo terminó con sus días de hija y estudiante ejemplar, aquel domingo santo.
Mientras sus padres, familiares y amigos posaban flores en la carroza que conducía a María José hasta su lecho en el cementerio general, la policía y la justicia identificaban finalmente al responsable de tanto sufrimiento.
No era un jovencito como se pensaba, Miguel Rojas Urrutia tiene 30 años, y seria el responsable de apagar la vida, sueños y esperanzas de María José. No es la primera vez que Rojas Urrutia tiene que comparecer ante la justicia, ya en una oportunidad anterior se le investigó por otro homicidio.
A esas alturas del día, su identidad era reconocida, más su paradero no.
Pero Rojas Urrutia no iba solo, dos personas más lo acompañaban ese día. Dos jóvenes de 19 años. Sebastián Ovalle Ovalle y Richard Candia Salas. El primero entregado voluntariamente y el segundo detenido por la PDI.
Ayer la justicia formalizó a los dos jóvenes por homicidio simple, los que en declaración judicial señalaron que efectivamente se subieron en compañía de Rojas Urrutia a un bus del transantiago en dirección a la Pintana con el ánimo de robar. Durante el trayecto, a Rojas se le habría escapado accidentalmente un tiro, el que percutado dio de lleno en la espalda de María José provocándole la muerte.
Mientras dos de los tres responsables de esta enorme tragedia quedaban en prisión preventiva por los 150 días que dure la investigación, los cercanos a cotita, daban un ultimo adiós a una niña que lleno sus vidas de alegría. A una niña que hoy deja un tremendo vació en sus padres y amigos.
Tres las personas responsables de quitarles a sus padres lo más querido y preciado de sus vidas. Una niña que según sus cercanos solo repartió cariño, amor y comprensión entre sus cercanos.
No hubo persona alguna que habite en su pasaje que no haya acompañado a esta familia en su inconmensurable dolor. Nadie podría haber sospechado que ese domingo santo sería el último día que la cotita permanecería con vida.
Tantos sueños y proyectos aguardaban en el futuro a esta joven muchacha. Sueños de convertirse en un futuro cercano en publicista, rotos tras el estruendo de una bala...
Cuenta Gabriel uno de sus profesores y amigo cercano que ella estaba feliz porque el día jueves santo, última oportunidad en que la vio con vida, se había comprado con el dinero que ganaba como empaquetadora en un upermercado, un uniforme nuevo y pronto ya juntaría todo el dinero que necesitaba para adquirir un celular que tanto quería.
Como sus vecinos y amigos no iban a aplaudir a una niña tan ejemplar, como fue que tan dulce muchacha fue a terminar muerta por la torpeza e indolencia de una mano, que en su camino solo había oscuras intenciones. Torpeza que hoy ha dejado a estas personas sumidas en el más triste de los lutos. Que ha dejado un vacío y un dolor tan inmensos que nada ni nadie puede reparar, quizás el perdón entreguen a esta familia tranquilidad y resignación, pero nadie podrá devolverle a esta mujer la alegría de ver, por ejemplo, a su hija convertida en una profesional. Nadie llenara el vacío que reinara entre sus amigas, en las tardes de ocio, en los chistes de los recreos y en todas esas conversaciones que son parte tan importante en la vida de una jovencita de 16 años.
No fue un funeral como otros, nadie quería estar ausente de tan emotiva despedida, una larga caravana de autos siguió el cortejo fúnebre, que se detuvo en distintos lugares que marcaron hitos en la vida de María José Esquivel. El colegio donde estudio toda la enseñanza básica. El supermercado donde cada fin de semana con esfuerzo trabajó como empaquetadora para ayudar económicamente a sus padres. La estación de radio taxis de sus tías donde muchas tardes también coopero con ellas. El colegio que la ha vio crecer durante estos últimos tres años.
Pañuelos blancos alzados, las alumnas del Centro Politécnico San Ramón en la comuna de la Pintana, despidieron unas a una amiga cercana, otras a una compañera de colegio, de su misma edad quizas, fallecida en trágicas circunstancias.
El sol brillaba en el cielo, mientras en la tierra el dolor se hacía patente en las caras que acompañan el circular de la carroza blanca.
Los pasos de los que hoy sienten más que nadie la pérdida, el punzante sufrimiento ante la ausencia de la joven muchacha. Como su madre que antes de comenzar con el cortejo, nos regaló un par de minutos para contarnos su parecer ante la detención de los delincuentes responsables, y de cómo era su hija... "El perdón sólo podrá darlo Dios"
Dos hechos se entrecruzaron ayer y desde aquel domingo fatal, en un bus de la locomoción colectiva. Cuatro personas con distintos destinos, pero para siempre unidos en conciencia.
En el cementerio metropolitano, solo el llanto de hoy quienes claman por justicia. En el centro de justicia dos de los responsables en este macabro crimen eran formalizados al mismo tiempo que Coté era despedida.
Hoy ya es tarde para prevenir, la delincuencia cobró otra victima más. Otra victima de hombres desconocidos que portan armas como si nada por calles y avenidas que nos pertenecen a todos, que por la vida van poniéndonos en riesgo, subyugándonos al poder de la violencia.
Un multitudinario adiós a María José, quien ojalá desde cielo pueda perdonar a esta sociedad que no se consulta o cuestiona que hacían tres sujetos manipulando un arma de fuego de grueso calibre en un microbús...
0 comentarios:
Publicar un comentario